viernes, 16 de noviembre de 2012

No me da la gana de callarme

El domingo mi hija pequeña participó en una carrera de Cross infantil, con más de 4.000 inscritos -en diferentes categorías-, y sus correspondientes 8.000 padres. Es de ellos de los que quiero hablar dos líneas...

El Cross Ciutat de Sant Cugat celebró su decimocuarta edición estableciendo diferentes circuitos y horarios según edad. Mi hija pequeña corría en la categoría de los más pequeños, la de seis años, la última. Con todos sus correspondientes padres, claro... Todos orgullosísimos de nuestros vástagos y deseando verles ganar; el ser humano es así.

Corrieron los niños y niñas de manera civilizada, sonrientes, disfrutando del momento, y los padres y madres también corrieron, pero menos civilizados. Todos quisimos ver la salida y después llegar a la mitad del recorrido para seguir dándoles ánimos y acabar viéndolos llegar a la meta. Y corrimos, vaya si corrimos. Papás y mamás empujándose unos a otros, haciéndose sitio para que su hijo les viera, codazos entre los adultos, empujones y casi hasta trabanquetas. En el último tramo yo caminaba incrédula y ligeramente indignada por la falta de educación y respeto cuando recibí el penúltimo empujón de una mamá de estas que se las supone con clase, educación y estudios. No se disculpó. Yo le dije:

-¡Ay, me ha hecho daño!
Se giró y, con aire de superioridad me dijo sin mediar una disculpa:
-Es que mi hijo está a punto de llegar a la meta y quiero felicitarle.
No pude contenerme:
-¿Acaso corre en una carrera de huérfanos? Porque si mira a su alrededor, me da la impresión de que todos los papás y mamás vamos en esa dirección con el mismo objetivo. Por favor, deje de empujar.
La mujer me miró mal, mi marido me miró mal y yo miré mal a todos.
Hay momentos en los que no me da la gana de callarme.






2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Es el problema de las tímidas, que cuando decidimos no callarnos, hacemos arder toda la Santa Bárbara jeje

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