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miércoles, 9 de abril de 2014

Nominada a la mejor novela chick lit 2013 ebook



Así, sin avisar: Nominada a la mejor novela chick lit 2013 ebook


Estoy emocionada y contenta... ¿Qué digo? Estoy flipando de alegría ;-)
Me he enterado un poco tarde, pero mi primera novela ha estado nominada junto con otras siete al premio Mejor Novela Chick Lit ebook, junto con otras autoras noveles y compartiendo nominación con otras tan conocidas como Megan Maxwel. ¡Uoooooou!

Desde aquí quiero agradecer a las blogueras que me han nominado y felicitar a Connie Jet que resultó ganadora con su novela No me llames princesa, que ahora mismo me voy a comprar y a leer.

Pero no solo eso, la portada de Así, sin avisar, realizada por mi amiga e ilustradora Luisa D'Arnaude, también ha sido nominada.
Os dejo aquí el enlace del blog en cuestión por si queréis cotillear un rato. Esta noche dormiré con una sonrisa, sin duda :D

martes, 28 de mayo de 2013

Empezar de nuevo, de Isabel keats

Olé y olé, me quito el sombrero


¡Qué gusto da cuando te encuentras un buen libro de romántica! y os lo digo yo, que leo mucho muchísimo. Hay publicados algunos libros infumables, de los que ni hablo en este blog; muchos correctos, algunos buenos, y luego están los elegidos, los que te hacen vibrar desde el principio. Aquellos pocos que, aun siguiendo el esquema típico estructural de este género -ojo, que es lo que nos gusta!-, lo hacen con una maestría inigualable.


Empezar de nuevo, de Isabel Keats, es uno de esos, de los que te hacen estremecer (¿habéis notado cuando os estremecéis?). La ambientación, los personajes y las diferentes dosis de ingredientes (amor, rudeza, miedos, secretos, crudeza...) junto con lo magnífica "cocinera" que es esta autora, nos ha traído una novela de las buenas que, además, ha ganado el Premio Digital Harlequin.

También me gustaron sus dos libros anteriores suyas: Algo más que vecinos, y El protector; sin embargo, con ésta, me ha convertido en fan incondicional :-)

Creo que no queda duda alguna de que la recomiendo, ¿no? De verdad, pasaréis un muy buen ratito.

TítuloEmpezar de nuevo
Autora: Isabel Keats
Editorial: HQÑ
GéneroRomántica contemporánea. 
Sinopsis: Cuando el coronel Schwartz fue a recoger al nuevo doctor se llevó una incómoda sorpresa: en vez del hombre que esperaba, se encontró frente a una atractiva mujer de aspecto frágil. La presencia de una doctora, joven y brillante, en un pueblo perdido del Congo era un misterio que el implacable militar, acostumbrado a no pasar nada por alto, estaba decidido a desentrañar.

Para Alexandra, África era un sueño cumplido y, al mismo tiempo, una huida hacia adelante. Trabajar en el pequeño dispensario, velando por la salud de sus agradecidos pacientes le encantaba; la única pega que le encontraba a su nueva existencia era la presencia del inquietante y severo coronel Schwartz que, a pesar de sus esfuerzos por mantenerlo alejado, amenazaba con derribar las barreras que tanto le había costado erigir a su alrededor.

jueves, 14 de marzo de 2013

Más de lo mismo


La Bibliotecaria

Hacía un tiempo que no leía erótica, concretamente desde el segundo de la trilogía de Silvia Day: Reflejada en ti. Quizá por eso me decidí a leer La Bibliotecaria de Logan Belle.
El libro no está mal, pero la idea ya cansa. No sorprende nada. Toooodo es lo mismo una y otra vez. Bondage, mujer pazguata que se deja hacer sin recelar ni un poco, el hombre perfecto traumatizado en la adolescencia, bla, bla, bla.
Ojo, esta literatura y me refiero a la que se repite hasta la saciedad, no al género erótico, tiene su público, pero me temo que no es mi caso. Espero con ganas un libro de este género que no insista en la misma historia cambiando solo los nombres y las profesiones.
Lo siento, no me ha gustado... porque no me ha sorprendido.

Ficha del libro

Título: La Bibliotecaria
Autor: Logan Belle
Editorial: Esencia
Género: Narrativa, erótica contemporánea
Sinopsis: Regina Finch se ha ganado a pulso su puesto en la sede central de la Biblioteca Pública de Nueva York. Pero un encuentro fortuito con Sebastian Barnes, millonario, exitoso fotógrafo y principal mecenas del centro, transformará su austera y aburrida existencia en una vida llena de acción, lujo, erotismo y nuevas experiencias.
Gracias a su acercamiento al mundo de Bettie Page, una modelo convertida en reina de las pin-up y fetiche para millones de admiradores en todo el mundo, Regina dejará de ser la ingenua y tímida bibliotecaria para convertirse en el objeto del devorador deseo de Sebastian.


jueves, 3 de enero de 2013

así, sin avisar

Mi primera novela de ficción, con tintes románticos contemporáneos y chick lit, publicada en Amazon

Como me está costando publicar en Amazon y como me lo habéis pedido alguna. Os dejo el Capítulo 1 de la novela. Espero que os guste. En cuanto tenga el link a Amazon, lo incluiré en esta entrada. Añado también la sinopsis y os aviso de que tiene un prólogo, pero ese ya lo descubriréis en el libro.

Sinopsis
Una ciudad, Barcelona. Una casa en el campo. Una herencia. Una adicción, el trabajo. Un mundo controlado, perfecto, a punto de dar un vuelco radical al tropezar con el primer y gran amor de su vida.
Un caso de moobing, un deseo a flor de piel y los locos consejos de su mejor amiga harán que todo lo que Ana conoce y controla se desvanezca.
Tres retos y tres escenarios que entretejen una vida, la de Ana.



Capítulo 1
Mayo de 2012

La música inundaba todos sus sentidos y estaba absolutamente concentrada en las indicaciones del monitor. Estaba bañada en sudor. Le sudaba la frente, las manos le resbalaban y su camiseta marcaba dos cercos bajo las axilas.
«Joder», pensó, «me suda hasta el mismísimo trasero.»
—¡Venga, chicos, última subida, os lo prometo! —gritó el monitor.
Pese a que no podía más, se obligó a seguir. Echó un vistazo al mapa que aparecía en la pantalla y comprobó que efectivamente estaban llegando al final de la etapa. Apretó los puños, cerró los ojos, se subió sobre los pedales y dio lo último que quedaba de ella para, segundos más tarde, aflojar el ritmo. Con una mano cogió la toallita y se secó el sudor de la frente.
—¡Bien, chicos, buen trabajo! Os habéis ganado una ducha. Hasta el miércoles —se despidió el monitor.
Ana cogió su mochila y se fue empapada en sudor a casa. Solo tenía que cruzar la calle. No le molestaba ducharse en el gimnasio, pero prefería hacerlo en casa. Sobre todo cuando iba a la última sesión de spinning.
Mientras subía en ascensor hasta el ático donde vivía, miró la hora en el móvil.
«Dios, es tardísimo.»
Abrió la puerta de su piso de dos habitaciones. Dejó las llaves sobre la cómoda que tenía en la entrada y tiró la mochila al enorme puf que había bajo el pasaplatos. Entró disparada al baño y se dio una ducha. Bajo el chorro del agua empezó por fin a relajarse. Y su mente voló una vez más a su trabajo. Ese día le habían comunicado que Rosa, una de las product manager de cosmética, cogería la baja maternal la semana siguiente. Ella debería asumir también sus productos. Ana llevaba las marcas de pintauñas y pintalabios, pero ahora iba a tener que hacerse cargo también de sombras de ojos, maquillajes y coloretes. Más trabajo, más viajes… Pero podía ser el trampolín para dar el salto.
Salió de la ducha y se puso el pijama. Se preparó un plato de pasta y en el momento en que se sentaba, sonó el teléfono.
—¿Sí?
—¡Ana! Tengo que hablar contigo. —Era Marta, su mejor amiga—. Tienes que sacarme sí o sí a cenar y luego a bailar y, si puede ser, a ligar.
—Pero ¿qué pasa? —preguntó Ana—. ¿Te has peleado con Pepe?
—No, sí, bueno, no. Estoy cabreada con el mundo, con la vida, pero sobre todo, no aguanto más en casa. Se me cae encima. Los gemelos no paran de correr en direcciones opuestas y yo ya no puedo más. Me siento una vieja prematura.
—¿Ves como no era tan guay eso de que empezaran a andar? —contestó Ana con sorna.
—¿Y por qué todo el mundo afirma que es maravilloso? —Marta hizo un mohín que Ana no vio, pero que se imaginó perfectamente por el tono de su amiga.
—Entonces, ¿qué tal el jueves? Salimos a cenar y te llevo a la terracita del Hotel Condes de Barcelona. Acaban de inaugurar la temporada de verano. Es muy chula, se ve la Pedrera y como el aforo es bastante limitado, no da sensación de agobio.
—No. Quiero ver gente. Quiero agobio. Quiero que me vean y no quiero guiris.
—Ok, Marta. Busco un sitio que cumpla las expectativas.
—Perfecto —respondió su amiga—. ¿Tú qué tal?
—Pues mira, hasta que me has llamado histérica porque no puedes más con los niños, estaba pensando en quedarme embarazada.
—¿De quién? ¿Del Espíritu Santo? —Tras un microsegundo, le volvió a preguntar—: ¿O es que te has vuelto a echar novio?
—Ni novio ni ganas de novio. ¡Si no tengo tiempo! —respondió Ana en su tono habitual de «estas cosas no me interesan»—. Resulta que Rosa se ha vuelto a quedar embarazada y vuelve a ser un embarazo de riesgo, o sea que ya se ha cogido la baja y me toca a mí llevar sus líneas de producto.
—¿Más muestras gratis para tus mejores amigas?
—¡Marta! ¿Eso es lo único que te importa? Voy a tener que currar el doble y a ti te da igual.
—¡Ah! Señorita ejecutiva. Es lo que usted se ha buscado. Cuando decidiste enfocar toda tu energía en tu carrera profesional y convertirte en la dueña del mundo de los cosméticos sabías que estas cosas pasan. Y piensa que si te lo dan a ti es porque confían más en ti que en Victoria. Así que no te quejes. Que en lugar de escuchar historias de amores y sexo desenfrenado, de ese que yo ya no disfruto desde que soy madre, me tengo que tragar aburridas conversaciones sobre marketing y ventas — espetó Marta—. ¡Que me tienes aburrida! Bueno, seguro que te sales con la tuya: elevas las ventas de la marca y encima te dan el ascenso que esperas desde hace siglos. ¿Nos vemos en tres días? Y ya que estamos, ¿me traerás un par de muestras de todo lo que puedas? —preguntó risueña.
—Vale, pero prepárate —respondió Ana entre risas—. Vas a flipar con el sitio al que te voy a llevar.
Ana colgó el teléfono aún sonriendo. Encendió el iPad y revisó el correo. Lo tenía cargadito debido a todo el traspaso de información para poder gestionar las líneas de producto que le acababan de dar. A las once y media decidió cerrar el ordenador, llevar el plato a la cocina y regar las plantas. Desde su pequeño ático, con su pequeñito balcón lleno de plantas, las vistas de Barcelona eran sensacionales. Es cierto que no se veía el mar, pero podía ver el Tibidabo y las terrazas de los áticos de sus vecinos más bajos. En pocos días volverían a animarse y a cobrar vida propia. Una vida que ella observaría desde su balcón, a oscuras, mientras revisaba el correo o terminaba la última presentación de turno. Había decidido apostar por su carrera pero a veces notaba cierta punzada de envidia de esas reuniones bajo las estrellas del verano, tan relajadas, que veía desde su piso.
Era un mayo caluroso. Apenas acaba de empezar y podía estar en el balcón en pijama sin sentir frío.
«Probablemente junio será lluvioso», pensó.
Guardó la regadera en su sitio, apagó las luces y entró en el baño para lavarse los dientes. Siempre se los lavaba mirándose al espejo. No entendía por qué la gente se agachaba y se cepillaba en esa postura. A ella le daba dolor de espalda y tampoco babeaba tanto como para tener que estar sobre el lavabo. Escupió la pasta y se quedó mirando en el espejo. Le vino a la cabeza la chorrada que había dicho de tener hijos. Tenía treinta y dos años pero no había sentido la famosa llamada de ser madre. No. Aún no quería tener hijos.
Se cepilló el abundante y ondulado pelo castaño oscuro porque sabía que no habría otra manera de poder domarlo a la mañana siguiente. Su pelo era un fiel reflejo del resto de su físico, y hasta de su carácter: tenía el pelo fuerte, vigoroso, como toda ella. Con un metro setenta de estatura no estaba ni entre las más altas ni las más bajas de las mujeres españolas. Su amor por el deporte, ya desde pequeña, había perfilado un cuerpo que, de constitución delgada por genética, se había modelado siguiendo las formas de sus músculos. Era atlética, pero no musculosa. Más bien fibrada hasta llegar a la espalda, cuya amplitud era una clara consecuencia de una infancia dedicada al deporte.
Cuando terminó de cepillarse el pelo se aplicó la crema de noche. Nunca había sido especialmente de cremas, hasta que entró a trabajar en su empresa actual. Había tenido que aprender a usar los cosméticos y se había acostumbrado a ellos. Extendió la crema por el óvalo de su cara e insistió en la zona del entrecejo. La miopía era la causante de las dos finas y profundas arrugas que se le marcaban sobre la nariz. Era lo que confería a su cara cierto aspecto de dureza y hasta de intransigencia. Tenía que sonreír mucho y muy a menudo para poder contrarrestar el efecto que producían esas arrugas entre sus anchas aunque perfectamente delineadas cejas.
Era una mujer atractiva, con un mercado muy definido. No gustaba a todos los hombres, pero gustaba al tipo de hombre por el que ella también se sentía atraída; y eso la tenía satisfecha.

Ya era jueves. Una ducha reparadora para eliminar el cansancio de un duro día de trabajo y, con la toalla alrededor del cuerpo, Ana oyó vibrar su móvil. Era un whatsapp:
Marta: ¿Me pasas a buscar por casa?
Ana: Ok.
Marta: Coche, no?
Ana: No, moto.
Marta: Joooo, no quiero salir con el pelo chafado.
Ana: Pues quedamos ahí.
Marta: Es que no quiero conducir, quiero emborracharme.
Ana: Coger coche es un coñazo para aparcar, resopló mientras escribía.
Marta: Yo pago parking.
Ana: No es eso… es por pereza. En lugar de parking, págate un taxi y quedamos ahí.
Marta: Es que quiero ir contigo, y así ya vamos charlando.
Ana: Eres una pesada. Te recojo en COCHE a las 21:00. Espérame en la portería.
Marta: Eres un sol.
«Y tú, una vaga redomada», pensó Ana con una sonrisa. Pero la verdad es que le apetecía mucho ver a Marta. Se secó el pelo, se enfundó sus tejanos Gap, las camperas de media caña y una camiseta blanca con una americana marrón.
Como todas y cada una de las veces que Ana quedaba en recoger a Marta, le tocaba esperar cerca de diez minutos en la portería, y como todas y cada una de las veces que le pasaba esto, a cada minuto que pasaba estaba más y más enfadada. Por fin apareció Marta y le dedicó una sonrisa de oreja a oreja.
—Estás guapísima —la miró de arriba abajo y luego le dio un abrazo—. Eres mi ángel salvador, mi arcángel Gabriel, mi sol, mi luna, mi…
—Para el carro, guapa, que nos conocemos. —Ana ya se estaba riendo—. Lo que soy es incapaz de comprender que llegues siempre más tarde que yo a la portería de tu casa. —Y puso especial énfasis en estas cuatro últimas palabras.
—¿Quieres una excusa o quieres la verdad verdadera? —preguntó Marta con una sonrisa jueguetona, sabiendo que a su amiga ya se le había pasado el enfado.
—En realidad, no quiero saber nada. No creo que a estas alturas de la película vayas a cambiar.
—Ok. Tú mandas. ¿Dónde me llevas esta noche?
—Cenaremos en un italiano exquisito, en la calle Ganduxer, y luego…
—Y luego vamos a Bikini ¿sí? Di que sí, por favor.
—Ni de coña —respondió Ana poniendo los ojos en blanco mientras se subían al coche—. Luego ya veremos.
Ana conocía a Marta desde que tenían diez años. Fueron juntas al colegio y aunque luego Marta estudió Derecho porque no sabía qué estudiar y Ana se decantó por Administración de Empresas, nunca habían roto el contacto. Al acabar la carrera, Marta entró de prácticas en un bufete y antes de terminar el año ya se había prometido con Pepe. Era el mejor amigo de su hermano, cuatro años mayor que ella. Informático y consultor en Accenture. Marta se negó a quedarse embarazada tan pronto y acordaron que se pondrían a ello al cumplir los treinta. Pero las cosas se complicaron y al ver que no llegaban los niños, recurrieron a la reproducción asistida. Hacía catorce meses que Marta había dado a luz unos preciosos gemelos que la estaban volviendo loca. Uno de ellos era ahijado de Ana.
El restaurante, muy de moda en la zona alta de Barcelona, era un italiano monísimo de excelente calidad-precio. La decoración era un acierto. Tenía muebles, sillas, sofás y sillones de diferentes épocas y diferentes estilos. Toda la puesta en escena aderezada con candelabros, jarrones y espejos entre otros objetos de decoración, dispuestos con un gusto exquisito. Era un sitio perfecto para ver y dejar verse; justo lo que necesitaba esa noche Marta.
—Me encanta. Gracias, Ana —dijo con una sonrisa arrebolada—. ¿Cómo conoces tantos sitios chulos?
—Bueno, éste está al lado de mi casa, así que ha sido fácil —sonrió—, pero además ya sabes que forma parte de mi trabajo. Cuando montamos eventos de presentación de producto, cenas con clientes, con proveedores…, la agencia se encarga de muchas cosas, pero hay otras que me gusta supervisarlas personalmente.
—¡Cómo envidio esa parte de tu trabajo! ¡Oh! Mira. Bueno, no mires. A tu derecha, en la mesa de ocho, acabo de ver al marqués.
—¿Qué marqués? —preguntó Ana frunciendo el ceño en un esfuerzo por recordar si conocía a algún marqués.
—Si tendrás morro de no acordarte. El marqués es ese amigo de Pepe que te beneficiaste en mi boda.
—¿Quién, Ignacio? ¿Era marqués? No tenía ni idea. No lo veo. —Giró automáticamente la cabeza hacia su derecha para ver si lo localizaba.
—¡No te muevas! —apremió Marta quedamente—. Viene hacia aquí. —Se concentró en su plato, como si tuviera un apetito insaciable.
—¡Marta, qué sorpresa! —El marqués llegaba sonriente a saludarlas.
—¡Ignacio, cuánto tiempo! —dijo Marta—. ¿Has venido con tu mujer? No la veo.
—No… es una cena con gente del trabajo. Estás increíblemente guapa y felicidades por los gemelos. Nadie diría…
—¿Te acuerdas de Ana? —cortó ella. Ignacio se giró hacia Ana y dijo—: Desde luego, cómo olvidarla.
—Hola, Ignacio, yo sí que hacía tiempo que no te veía —Ana sonrió educadamente. Después de un par de frases de cortesía y de darle recuerdos para Pepe, volvió a su mesa.
—¡Por el amor de Dios! Pero si está fatal, gordo, calvo y con una sonrisa libidinosa que para qué. Si te ha desnudado con la mirada. Marta, ¡no ha parado de mirarte las tetas! De hecho —continuó Ana—, acabo de recordar que esa noche que dices que me lo beneficié, y que estábamos los dos muy, muy borrachos, me dijo que estaba enamorado de ti.
—¿Y me lo dices ahora?
—Me olvidé —dijo Ana alzando las cejas—. Además, tú solo tienes ojos para Pepe. Supongo que pensé que te incomodaría estar con él cuando coincidierais y luego se me olvidó.
—En fin, no tienes remedio. Bueno, cuéntame tú. ¿Quién te quita ahora el sueño?
—Ahora mismo la que me quita el sueño es Rosa y su baja por embarazo de riesgo.
—Estoy hablando de chicos, tíos, hombres, no de trabajo.
—Pues estoy en periodo de sequía y así seguiré hasta que esa señora vuelva de la baja maternal. No tengo tiempo.
—¿Con cuántos hombres te has acostado? —preguntó Marta con picardía.
—¡Marta! Lo sabes perfectamente… —se ruborizó—. Con unos cuantos.
—Ya, pero ninguno te ha durado más de nueve meses. Como un embarazo —Marta soltó una carcajada—. Bueno, uno sí, el primero te duró unos cuantos años… Pero en realidad no debería contar, porque fue una historia rara, ¿no? —Entrecerró los ojos como si quisiera recordar—. ¿Cómo se llamaba?
—Matías —respondió Ana—. Sí, fue una historia rara.
—Ese tío te marcó.
—Que fuera mi primer novio no quiere decir que me marcara. Esa leyenda de que las mujeres nunca olvidamos a los que nos desfloran es una patraña.
—¿Cuándo fue la última vez que supiste de él?
—En el 2000, hace doce años.
—Sí que te acuerdas —dijo Marta con cantinela.
—Bueno, ya sabes, el cambio de siglo nos hizo evolucionar en algunos aspectos y, como es un número redondo, es fácil acordarse. Por cierto —dijo Ana para cambiar de tema—, Ignacio no te quita ojo de encima. ¿Cuánto hacía que no os veíais?
—Desde su boda, hace cuatro años.
La cena acabó entre risas y recuerdos del pasado. Resultó fácil gracias a las dos botellas de vino tinto. Marta resolvió que ya era suficiente, y Ana la acompañó a casa. Ella ya sabía que no habría que ir a ningún sitio más. Marta estaba siempre muy cansada desde que había tenido a los gemelos. Después condujo hasta su casa y, una vez arriba, regó las plantas.
Hizo una excepción y se sentó en el balcón a fumarse un cigarrillo. Era de esas extrañas personas que fumaba de vez en cuando, y un paquete podía durarle seis meses.

Siempre se reía con Marta, pero el vino y su amiga le habían traído a la mente el recuerdo de alguien en quien hacía tiempo que no pensaba. Ya no había dolor por la mentira del primer hombre del que se enamoró y cuya traición le había hecho desconfiar para siempre en las relaciones que vinieron después. Pero volvió a preguntarse, una vez más, qué habría pasado si le hubiera creído cuando le dijo que le quería. ¿Qué hubiera pasado si no se hubiera marchado con la cabeza alta y sin mirar atrás? Él nunca volvió a llamarla. Y sus padres vendieron el apartamento de la playa. Nunca más había vuelto al pueblo y aunque hacía años que se lo había planteado, le parecía ridículo remover las cosas. ¿Con qué fin? Encendió el ordenador y buscó su nombre en Facebook, Linkedin y Twitter.

domingo, 16 de diciembre de 2012

A ciegas, de Noe Casado

Noe Casado es otra de las autoras del género romántico y erótico que entran en mi lista de escritoras españolas de las que me gusta estar atenta a las novedades que publican y de las que recomendaría. El primer libro que leí de ella, "Treinta noches con Olivia", me gustó. Es una novela romántica, erótica, contemporánea y que sucede en España. Pero no hice reseña porque aún no tenía este blog, ni tan siquiera la intención de crearlo. Pero ahora toca habla de "A ciegas".

Sinopsis
Luke Adams es un agente de policía a punto de cumplir cuarenta años, está divorciado y lleva un estilo de vida más o menos organizado que no se plantea cambiar. Es un hombre duro y directo al que le gusta el sexo, pero que no tiene previsto volver a introducir una mujer fija en su vida. Sin embargo, tiene una fantasía pendiente: seducir de una vez por todas a Dora, la amiga de su mejor amiga; una rubia esquiva y descarada que lleva rechazándolo demasiado tiempo. Un reflejo de él, pero del sexo opuesto.

Mientras aguarda a que ella caiga rendida a sus encantos, el comportamiento de Luke está lejos de ser el de un monje... Se entretiene con amigas dispuestas a pasar un buen rato, y a las que siempre deja muy claro que no han de esperar nada más de él, porque no está dispuesto a alterar su actual modo de vida.

Opinión
No es una trama con sexo, es mucho sexo con una pequeña trama. Encajará bastante como una lectura recomendable para aquellos a los que gustó "50 Sombras de Grey". Para mí, lo mejor es el personaje de Luke, lo que da verosimilitud a la historia y encamina el hilo argumental.
Echo de menos el cierre de algunas de las mini historias de los personajes secundarios. Así como una ubicación espacial; un dónde se desarrolla la historia. Parece que esté escrito con prisas y la narración no se detiene en los  detalles, (algo que no sucede con el de "Treinta noches con Olivia").

A destacar, las escenas de sexo (y teniendo en cuenta que es la mayoría del libro...). Son muy verosímiles, con su punto arriesgado, pero sin incomodar al lector. Explica escenas que no todo el mundo practica (tríos o sexo en público) como algo natural, fácil de aceptar.

No es el mejor libro de esta autora y, no me gustaría que pudiera ser descartada de la librería si la juzgamos solo por esta novela.

Lo recomiendo sin duda para aquellas lectoras a las que les guste la literatura erótica. Se lee muy bien y el precio invita.

martes, 4 de diciembre de 2012

Lisa Kleypas - Donde empiezan los sueños

¡Cómo me gusta esta autora!

Todos sus libros me gustan, pero éste, el que más. Donde empiezan los sueños se ubica en el género de la romántica-erótica histórica. La historia se sitúa en el Londres de 1830 y aunque la trama es ligeramente conocida, la manera de contar de Keplas te atrapa y no te suelta hasta que terminas hasta los agradecimientos.

Sinopsis
Zachary Bronson es un nuevo rico de la época al que la alta sociedad londinense no acaba de  aceptar en sus círculos, pero que tampoco puede prescindir del dinero que les ayuda a generar. Holly Talor es una viuda aún enamorada de su marido. Él es grande, tosco y bruto; ella es dulce, recatada e inalcanzable.

Un beso a oscuras es el detonante que hará que Zachary quiera tenerla a su lado, y con la excusa de contratarla para aleccionar a su familia en los protocolos de la clase alta le ofrece un puesto de trabajo.

Opinión
Como decía, la historia no es novedosa, pero todo lo que sale de la pluma de Kleypas se convierte en nuevo, en mágico, por su manera de narrar. Si eres aficionada a este género porque te gusta tener los sentimientos a flor de piel, mecidos por el aura del romanticismo y el deseo, disfrutarás de esta novela. Durante la lectura mantienes el corazón encogido, la piel de gallina página sí y página también y no puedes soltarlo. Lo empecé ayer a las nueve y media de la noche, después de acostar niños y lo terminé dos horas antes de que sonara el despertador para ir a trabajar. Sí, soy una  inconsciente, pero pasé una noche inolvidable. Espero que os suceda lo mismo.




sábado, 24 de noviembre de 2012

La saga de los longevos de Eva García Saénz

Muy gratamente sorprendida

Sinopsis
Esta novela con tintes históricos y con grandes dosis de ingredientes románticos es la primera de una saga familiar que arranca en el Museo de Arqueología de Santander en el año 2012. Una novedosa revisión del mito de los inmortales, planteada desde un insólito punto de vista: ¿sería posible, a la luz de la ciencia actual, que alguien no envejeciera más allá de los 30 años?

No se trata de inmortalidad, sino de longevidad.

Adriana, una joven y resuelta prehistoriadora y conocedora de las excavaciones arqueológicas regresa a su Santander natal, contratada por el museo de arqueología. Vuelve a la casa de su infancia, donde quince años atrás se suicidó su madre, en extrañas circunstancias; una conocida psicóloga de cabecera de la alta sociedad cántabra.

Iago del Castillo, director del Museo y jefe directo de Adriana es un longevo de 10.300 años. Dos carácteres que chocan desde el primer momento, pero entre los que  surge una intensa atracción que ambos intentan ignorar. No imaginan que su pasado determina su destino. Cuando descubran la cruda realidad y reaccionen, las consecuencias de sus actos les dejarán marcados para siempre.

Mi opinión
Es una novela extraordinaria y la primera que recomiendo cuando me preguntan: "Tú que lees tanto, ¿qué me aconsejarías?" Cumple las expectativas de aquellos lectores a los que les gusta la novela romántica, pero también cuenta una historia muy original y muy bien conseguida.

La descripción de los personajes y sus carácteres quedan perfectamente reflejadas a lo largo de toda la novela. Cierra los enigmas de una manera coherente y te deja con ganas de más. Es un perfecto primer libro de una saga de la que espero con impaciencia que haya más.

Es de los que no se sueltan hasta el final. Disfrutadlo.






jueves, 22 de noviembre de 2012

Romántica y erótica

El otro día en el avión un compañero de trabajo me dijo:
"¿Qué lees?" y yo respondí atrevida: "una novela romántica".
 Vale, no osé decirle el título,  aún estoy trabajando en la fase dos de mi autoaceptación pública... (Estaba leyendo a Keyplas, ¿Quién se atrevería a decirle a la cara a un compañero: Donde la pasión nos lleve? No tuve arrestos de decírselo).

Debo reconocer que me gustan las pelis ñoñas; que mi pareja me sorprenda con unas flores de vez en cuando; disfruto con planear un fin de semana romántico; recuerdo con emoción y cariño los primeros momentos de un flirt en una relación, antes de que la seguridad se abra paso entre la pareja... En fin, me gusta lo romántico y por supuesto, me gusta leer romántico, como a tantas y tantas mujeres. Y no me da vergüenza reconocerlo.

La novela erótica hace años que está en el mercado, muchos. Pero no era tan fácil de encontrar como lo es ahora y, además, daba corte preguntar. ¿Una mujer buscando un libro con sexo explícito? Estaba mal visto. Sin embargo los hombres compran orgullosos... en fin, no voy a entrar ahora en este debate, quizá otro día.

Sobre la literatura erótica se puede escribir mucho y aunque no me gustan los posts largos no me quiero ir sin nombrar un par de cosas. Si está bien escrita, "pone" y quien diga que no, miente. Y si no ¿por qué existe desde hace tanto tiempo? Porque gusta. Pero no es solo eso. Las mujeres y, perdonad si generalizo, tenemos un acceso y/o una visión del sexo, normalmente no muy extensa ni profunda. Probablemente es por eso que la nueva hornada de moda haya calado tanto, no solo "nos pone" sino que nos abre puertas a maneras poco conocidas. Nos gusta saber qué hay para decidir si nos interesa o no. Investigar sobre sexo, siendo mujer, no es fácil; arrastramos demasiados años de tradición y tabúes que siguen presionando y se materializan en el "qué dirán".

Como todo, no a todos nos gustan las mismas cosas. Si he de hablar en primera persona, en mi caso me sorprendió y me gustó Grey, un rato. Ahora empiezo a estar empachada. Necesitada de volver a mis novelas románticas cargadas de deseo. Las que dejan un poco de espacio para la imaginación. Pero, de vez en cuando, no está mal alternar.

Y ya que lo nombro, el deseo. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Qué llega antes, el deseo, el amor o el sexo? También aquí habrá para todos los gustos, pero mi experiencia me hace pensar que lo primero es siempre el deseo y de ahí, puedes llegar a los otros dos. Una buena descripción de deseo que lleva al amor es lo que nos hace disfrutar de una novela romántica, o erótica.

Si tan bien ha funcionado ésta que llaman campaña de marketing que, ha arrastrado consigo la trilogía de Silvia Day, ¿por qué no hacen más campañas como esta?

Y recordad, lo que tan fácil es en la ficción de que chica buena lleva al buen camino a chico atormentado gracias al amor, no suele ser tan efectivo en la vida real. Ojo con los macarras! Y mucho cuidado ahí fuera.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Hotel California de Anna Casanovas

Sinopsis de la novela

Marc y Alex Martí son gemelos idéntico y tienen treinta y pocos. Alex trabaja en una gran empresa hotelera española y está especializado en comprar hoteles para la cadena, mientras que Marc es veterinario en el zoo de Barcelona. Marc, después de hacerse de rogar, accede a hacerle un favor a su hermano, aunque no acaba de verlo claro. Tiene que hacerse pasar por él durante un par de horas. Sin embargo, la cosa se alargará bastante más en el tiempo...

Olivia Millán es la heredera de un hotel familiar de la Costa Brava y no se puede creer lo que su abuelo ha dictado en sus últimas voluntades.

Opinión
Anna Casanovas es, para mí, una de las mejores escritoras de romántica del panorama nacional. Esta novela forma parte de la saga de romántica contemporánea de Los hermanos Martí. Desde mi punto de vista, la mejor de las cuatro.

Esta es una historia optimista, positiva y de superación que demuestra que cambiar de escenarios nos puede ayudar a superar nuestros baches.

Marc por generosidad hacia su hermano, por la atracción que siente por Olivia y por huir de sus propios problemas se presta a dedicar un tiempo de su vida a un proyecto que nada tiene que ver con su día a día. Y esa dedicación le ayuda a ver las cosas de otra manera.

La autora escribe de una manera sencilla y ágil, lo que facilita que nos cueste aparcar el libro. Hotel California no generará una adicción desmedida ni deja una huella imborrable los días siguientes, pero consigue que pasemos un buen rato, que de eso se trata. Lo recomiendo sin duda, para los amantes del género romántico.

jueves, 15 de noviembre de 2012

In crescendo

Pídeme lo que quieras es una novela romántico-erótica, al estilo de la trilogía de 50 Sombras de Grey y No te escondo nada. Trata de la relación entre una secretaria de una empresa farmacéutica y el dueño de la misma: un treintañero alemán, de carácter complejo y con unas inclinaciones sexuales ligeramente diferentes a lo habitual.

La protagonista, Judith, es un personaje muy conseguido, muy real, reflejo de cualquier mujer de veinticinco años de hoy en día, fuerte, independiente y autosuficiente, y a la vez, como todas, insegura en sus sentimientos. Un prototipo del carácter de la mujer española.

Al protagonista masculino, Eric, me ha costado cogerle cariño. Es un personaje más típico, pero absolutamente necesario, claro, pero al menos sin traumas infantiles. Es el encargado de mostrarle a Judith y a las lectoras el mundo del voyerismo y "más allá".

Coincido con otras reseñas que he leído; el ritmo de lectura del principio del libro no es el mismo que cuando ya se lleva un poquito. Merece la pena vencer ciertas reticencias para poder meterse de lleno en la historia y disfrutar de la lectura de un libro que parece empezar siendo más de lo mismo pero que te sorprende al hacerte descubrir tu error. La manera de explicar los hechos va tejiendo una fina tela de araña que dificulta cada vez más soltar el libro para comer o dormir. Hasta que llegas al final y ¡Op! ¿Ya? ¿Para cuándo la continuación?


Lo mejor: El personaje femenino y el porqué del título.


martes, 13 de noviembre de 2012

Después de leer...Treinta Postales de distancia

Una historia que empieza con una ruptura. Un vecino, una atracción que se descubre "al día siguiente", alguna superstición...

La acción tiene lugar en Málaga, en el sur de España. Es una historia romántica verosímil y bien escrita. Muy actual. No está en el género ahora tan de moda de romántica para adultos, lo cual también se agradece de vez en cuando. Es simplemente, una bonita historia de amor, sin excesivas complicaciones pero con una gran creatividad.

Me ha gustado. La recomiendo.

Podéis conocer más de la autora, Sara Ventas, en: http://www.greenpeeptoes.es/2012/03/treinta-postales-de-distancia.html